FATIMA (uno)
Me enamoré de Fátima una tarde en que ella me invitó a su casa a pasar lo que quedaba de la tarde.
Ocupábamos nuestro tiempo conversando no otro tema que no sea de música. Decía conocer a un muchacho que tocaba lindas canciones, las guerreras, las que nos única a Fátima y a mí. También decía conocer a Ráfo Ráez, y prometió presentármelo. Me emocioné tanto que canté algunas canciones de su entonces primer disco junto a ella, mi amiga la roquera (debo decir que nunca me lo presentó, pero fui afortunado en conocerlo años después en circunstancias generosas). Fátima tenía un cuerpo regio, solo que no era muy linda. Una tarde, en el patio del colegio, me citó para ir a su casa. Yo acepté, encantado. Sólo una cosa, me dijo:
-Lleva tus discos y arréglate bonito, que te voy a presentar a alguien.
Como tenía trece años, la ilusión del primer amor me consumió como un bobo. Así que me bañé y cepillé los dientes y el pelo en cinco sesiones, y me aprovisioné de un condón gracias a un amigo (en un raro acto de optimismo), y salí de casa cargando una mochila con mis primeros poemas y discos de música para Fati. Al llegar, antes de tocar la puerta, me persigné y sentí que era un estúpido , el que más bajo había caído. No me persignaba para la salud de mi abuela, pero sí, digamos, para besar a Fátima. Hacía meses que no me persignaba, y después de esa tarde no lo hice hasta salir con la que sería mi primera chica. Fátima abrió la puerta, y sentí que se me flaquearon las piernas (ni jugando para la selección de fútbol de la primaria contra el Cantolao me flaquearon tanto las piernas como esa tarde). Fátima me saludó y me hizo pasar a su casa.
Ocupábamos nuestro tiempo conversando no otro tema que no sea de música. Decía conocer a un muchacho que tocaba lindas canciones, las guerreras, las que nos única a Fátima y a mí. También decía conocer a Ráfo Ráez, y prometió presentármelo. Me emocioné tanto que canté algunas canciones de su entonces primer disco junto a ella, mi amiga la roquera (debo decir que nunca me lo presentó, pero fui afortunado en conocerlo años después en circunstancias generosas). Fátima tenía un cuerpo regio, solo que no era muy linda. Una tarde, en el patio del colegio, me citó para ir a su casa. Yo acepté, encantado. Sólo una cosa, me dijo:
-Lleva tus discos y arréglate bonito, que te voy a presentar a alguien.
Como tenía trece años, la ilusión del primer amor me consumió como un bobo. Así que me bañé y cepillé los dientes y el pelo en cinco sesiones, y me aprovisioné de un condón gracias a un amigo (en un raro acto de optimismo), y salí de casa cargando una mochila con mis primeros poemas y discos de música para Fati. Al llegar, antes de tocar la puerta, me persigné y sentí que era un estúpido , el que más bajo había caído. No me persignaba para la salud de mi abuela, pero sí, digamos, para besar a Fátima. Hacía meses que no me persignaba, y después de esa tarde no lo hice hasta salir con la que sería mi primera chica. Fátima abrió la puerta, y sentí que se me flaquearon las piernas (ni jugando para la selección de fútbol de la primaria contra el Cantolao me flaquearon tanto las piernas como esa tarde). Fátima me saludó y me hizo pasar a su casa.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home