MESQUINO
No asistí al matrimonio civil de mi hermana. Me perdí el buffet.
No despedí a mi amiga en el aeropuerto. Lo lamento. Ella ni se enteró.
No fui al hospital cuando mamá dio a luz al menor de los hermanos. Del cual me arrepiento.
No visité a mamá cuando fue hospitalizada tras su accidente. Mi tía se enojó conmigo, y en represalias no me convidó para Navidad su crema de manzana.
No visité a mi amiga cuando estuvo internada. Ella creo me disculpó.
No estuve presente cuando mi hermano adorado publicó, y presentó en sociedad, su primera novela. Tampoco la leí.
Me llegó a la zona baja del vientre estar presente en la fiesta de fin de año en casa de mi tía Norberta, que es tan aburrida y sosa, pero que curiosidades de la vida esa fiesta cambió el rumbo de su actitud (dicen que se desató todita).
No fui al baby shower de la nene Xiomara, hija de mis amigos Polo y Ximena.
Descarté la posibilidad de asistir a la obra teatral de uno de mis mejores amigos, en la triple A, solo porque lo consideraba un aporte poco valioso para mi existencia.
Brillé por mi ausencia en el reencuentro de los chicos de la escuela, así como en el de los chicos del COMAIN.
Falté a la verdad cuando le prometí a mi linda amiga Esperanza que iría a visitarla a la selva central en las últimas vacaciones de julio. El viaje no lo hice. Aunque debí habérselo confirmado en un escueto correo electrónico. Ella me esperó en la agencia parada bajo la lluvia.
No estuve presente en los rituales que trajo consigo el sepelio de mi amigo Calambrito. Te extraño, Loco.
Desistí de ir a visitar a mi ex en la celebración de su cumpleaños número treinta y cuatro, cuando nada nos ligaba ya, pero que fui cordialmente invitado por correo electrónico.
No fui al quinceañero de mi amiga Mara, por eso ella me colocó en la camisa de fin de año con plumón y en letras grandes: no seas sobrado. ¡Te botas como agua sucia!
No fui al médico cuando mamá me recomendó hacerlo, para que el galeno me ausculte el pipilín, cosa que me rehusé decididamente, y no digamos delicadamente, siendo un niño delicado.
No asistí al cumpleaños del papá de mi amigo, que es también casi como mi papá.
No fui al concierto organizado por una página web en la participé haciendo cualquier cosa, menos escribir. El Pollo Rock no me convenció.
No asistí a mi propio cumpleaños organizado por mis amigos. Me llegué al pincho y me perdí todo el 'santo' día. Amanecí solo al pie del mar de Magdalena, estón y vomitando el trago de baja calaña que le compré a un indigente.
En cambio sí estuve en discotecas de ambiente sólo porque algo turbio me llevó a ellos. Algo turbio entre mis piernas, digo, o en la zona baja de la espalda, o turbio mi amigo Pablito, el actor de teatro, que es toda una loca arrebatada los sábados por la noche.
No despedí a mi amiga en el aeropuerto. Lo lamento. Ella ni se enteró.
No fui al hospital cuando mamá dio a luz al menor de los hermanos. Del cual me arrepiento.
No visité a mamá cuando fue hospitalizada tras su accidente. Mi tía se enojó conmigo, y en represalias no me convidó para Navidad su crema de manzana.
No visité a mi amiga cuando estuvo internada. Ella creo me disculpó.
No estuve presente cuando mi hermano adorado publicó, y presentó en sociedad, su primera novela. Tampoco la leí.
Me llegó a la zona baja del vientre estar presente en la fiesta de fin de año en casa de mi tía Norberta, que es tan aburrida y sosa, pero que curiosidades de la vida esa fiesta cambió el rumbo de su actitud (dicen que se desató todita).
No fui al baby shower de la nene Xiomara, hija de mis amigos Polo y Ximena.
Descarté la posibilidad de asistir a la obra teatral de uno de mis mejores amigos, en la triple A, solo porque lo consideraba un aporte poco valioso para mi existencia.
Brillé por mi ausencia en el reencuentro de los chicos de la escuela, así como en el de los chicos del COMAIN.
Falté a la verdad cuando le prometí a mi linda amiga Esperanza que iría a visitarla a la selva central en las últimas vacaciones de julio. El viaje no lo hice. Aunque debí habérselo confirmado en un escueto correo electrónico. Ella me esperó en la agencia parada bajo la lluvia.
No estuve presente en los rituales que trajo consigo el sepelio de mi amigo Calambrito. Te extraño, Loco.
Desistí de ir a visitar a mi ex en la celebración de su cumpleaños número treinta y cuatro, cuando nada nos ligaba ya, pero que fui cordialmente invitado por correo electrónico.
No fui al quinceañero de mi amiga Mara, por eso ella me colocó en la camisa de fin de año con plumón y en letras grandes: no seas sobrado. ¡Te botas como agua sucia!
No fui al médico cuando mamá me recomendó hacerlo, para que el galeno me ausculte el pipilín, cosa que me rehusé decididamente, y no digamos delicadamente, siendo un niño delicado.
No asistí al cumpleaños del papá de mi amigo, que es también casi como mi papá.
No fui al concierto organizado por una página web en la participé haciendo cualquier cosa, menos escribir. El Pollo Rock no me convenció.
No asistí a mi propio cumpleaños organizado por mis amigos. Me llegué al pincho y me perdí todo el 'santo' día. Amanecí solo al pie del mar de Magdalena, estón y vomitando el trago de baja calaña que le compré a un indigente.
En cambio sí estuve en discotecas de ambiente sólo porque algo turbio me llevó a ellos. Algo turbio entre mis piernas, digo, o en la zona baja de la espalda, o turbio mi amigo Pablito, el actor de teatro, que es toda una loca arrebatada los sábados por la noche.
2 Comments:
ya la habia leido
oe hay que jodernos a ese cabron de cañamero, cheka mi ultimo escrito. para ya sabes quien.
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