Artículo _ Camisa Pintada
DORMIR BIEN
Escribo, y no me apetece hacerlo. Es más de la media noche, y no tengo frío. Es lunes, teóricamente es lunes, y llevo ojeras pronunciadas. Hace mucho que no duermo bien, que no despierto descansado, relajado; es más, hace mucho que no tengo un buen sueño, o peor, no sueño algo bueno. Si alguien generoso me diera a escoger entre una noche apasionada con Luciana Salazar en uno de los tantos bungalows de El Bosque en Chosica, o un amanecer limpio, sin resaca, con los músculos relajados, respiraría aliviado y me tiraría a la cama, y no precisamente a tener sexo con la gaucha. Si algún despistado me diera a escoger entre una noche de tertulia con Oswaldo Reynoso o Eloy Jáuregui, con un buen vino y cigarrillos importados, o una cura de sueño y almohada donde babear mi descanso, si acaso sirve, no dudaría en dejar plantados a tan ilustres escritores, echando de menos al vino más que a los cigarrillos. Extraño despertar sin ojeras pronunciadas. Un escritor admirable dice que el secreto de la felicidad radica en dormir nueve horas ininterrumpidas, y que si el mundo cumpliese ese ritual necesario con más seriedad, éste sería, a no dudarlo, un mundo mejor, uno donde sea posible encontrar la generosidad en los estamentos del Estado, de los Estados del mundo. Algo de cierto hay en eso. Dormir mal contribuye a la escasez de un buen humor, a la infelicidad de los que saben despertar con ganas de besar al mundo, así el mundo sea una mierda, así el mundo sea como es, así sus seres más queridos no estén más en este mundo, así estemos matando de a pocos a este mundo. Yo no puedo ser una buena persona si no duermo ocho horas. Yo no puedo ser una buena persona si no he comido decorosamente. Yo no puedo ser una buena persona si no hago mis abluciones correspondientes. Yo no puedo ser una buena persona si todos mis pecadillos son contados por otros. Yo, al menos pienso eso, no soy una buena persona, porque mi amigo escribe mis pecadillos, es por lo siguiente que me parece una falacia tan grande eso que dicen que los buenos siempre ganan, pues mi amigo gana adeptos con mis pecadillos porque él los escribe tan bien que yo termino quedando como el malo de la película. Mientras escribo, escucho Vilma Palma e Vampiros, con la única certeza que me queda en la cabeza, que es que no escribo bien porque no me nace escribir algo bueno. Recuerdo algunas noches buenas, en especial una de navidad, cuando tras reventar cohetecillos veía la noche desde mi cama con la ilusión de ser en el futuro una mejor persona, una que pueda ser el orgullo de papá y mamá, una que llegue a la cartera de ministros para el Gobierno de turno, un gobierno ejemplo, caritativo, una persona casada con una pareja intachable y con hijos de revistas y piscina en el jardín y terraza con vista a un mar turquesa con mesas para servir el té y mayordomos modositos y amigos que son retratados en la páginas de Sociedad en la columna de la Miro Quesada en la fiesta de algún embajador encebollado. Eran otros tiempos, los tiempos que me daba ilusión cualquier cosa. Ahora, con base dos a cuestas, me siento un viejito prostático y, peor, cansado de tanto andar, de tanto auto eliminarse y no conseguirlo. Camino de noche como gato. Seduzco sujetos que en mi vida he visto. Ninguneo a intelectuales (lo último me agrada hacer: son unos peleles). Sufrir con el parqueo, coquetear chicas con la espalda anchísima como la de Enrique Iglesias, y limosnear cada esquina. Si me pidieran la definición del sueño diría, a no dudarlo: dormir bien consiste en morir un poco, y morir bien y bastante, así mañana no joda a nadie con un humor de perros. Supongamos que estoy dormido. ¿Acaso no debería estar en mi cama? Soy un Reo de Nocturnidad. Nunca mejor dicho por Bryce. Nunca mejor parafraseado por mí. Un insomne que escribe aprovechando su condición de insomne. O dicho de otro modo: sólo quiero dormir bien. Al menos por esta noche.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home