BANG
-¿Qué es eso que estás haciendo, Marce?- pregunta Margarita.
-Un cigarrito de canela. No sabes cómo relaja. ¿No te animas?
-Ay, no sé, me da miedo que sea droga.
-Cógelo suave, nomás. No es droga. Es más sano que el Malboro- dijo Marcelo, escondiendo la marihuana en una rila de cigarrillo. Estaban en el Etnias. Era un sábado por la noche.
-No sé, no me animo- dice Margarita, chica sana, estudiante de obstetricia en una universidad privada.
-Carajo, es más sano que la sangría que estás tomando. Anímate, sólo un pucho.
Margarita duda y por fin se atreve a dar una pitada al cigarro. Luego, para su contrariedad tose muchas veces y bebe más sangría. Marcelo y los demás chicos se cagan de risa. Margarita, que sospechosamente tiene ya los ojos chinazos, también se caga de risa, y no sabe por qué.
-Voy al baño un ratito, ¿ya? No se vayan, un comercial, y regreso- dice y se ríe, divertidísima, en realidad cojudísima.
-Ingenua, carajo- dice Marcelo, y Jimmy coge la pitada y da tres golpes pugilísticos y certeros y bebe sangría y siente que después de todo la felicidad consiste en la inmoralidad terrenal y la marihuana fresquecita de Puerto Nuevo y la sangría deliciosa del Etnias.
Al rato, Margarita sale empinchada del baño y dirigiéndose al portero y al administrador del bar, que están más estones que todos, dice, indignada:
-Señor, en el baño están que fuman. Yo vi que están que fuman. Se los puedo jurar por mis gatos y por mi mami.
Y como era de esperarse, todos se ríen, menos Margarita, que tiene los ojos hinchados, una sed nazi y la garganta raspada.
-Un cigarrito de canela. No sabes cómo relaja. ¿No te animas?
-Ay, no sé, me da miedo que sea droga.
-Cógelo suave, nomás. No es droga. Es más sano que el Malboro- dijo Marcelo, escondiendo la marihuana en una rila de cigarrillo. Estaban en el Etnias. Era un sábado por la noche.
-No sé, no me animo- dice Margarita, chica sana, estudiante de obstetricia en una universidad privada.
-Carajo, es más sano que la sangría que estás tomando. Anímate, sólo un pucho.
Margarita duda y por fin se atreve a dar una pitada al cigarro. Luego, para su contrariedad tose muchas veces y bebe más sangría. Marcelo y los demás chicos se cagan de risa. Margarita, que sospechosamente tiene ya los ojos chinazos, también se caga de risa, y no sabe por qué.
-Voy al baño un ratito, ¿ya? No se vayan, un comercial, y regreso- dice y se ríe, divertidísima, en realidad cojudísima.
-Ingenua, carajo- dice Marcelo, y Jimmy coge la pitada y da tres golpes pugilísticos y certeros y bebe sangría y siente que después de todo la felicidad consiste en la inmoralidad terrenal y la marihuana fresquecita de Puerto Nuevo y la sangría deliciosa del Etnias.
Al rato, Margarita sale empinchada del baño y dirigiéndose al portero y al administrador del bar, que están más estones que todos, dice, indignada:
-Señor, en el baño están que fuman. Yo vi que están que fuman. Se los puedo jurar por mis gatos y por mi mami.
Y como era de esperarse, todos se ríen, menos Margarita, que tiene los ojos hinchados, una sed nazi y la garganta raspada.
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