martes, octubre 17, 2006

Artículo _ Camisa Pintada

DORMIR BIEN
Escribo, y no me apetece hacerlo. Es más de la media noche, y no tengo frío. Es lunes, teóricamente es lunes, y llevo ojeras pronunciadas. Hace mucho que no duermo bien, que no despierto descansado, relajado; es más, hace mucho que no tengo un buen sueño, o peor, no sueño algo bueno. Si alguien generoso me diera a escoger entre una noche apasionada con Luciana Salazar en uno de los tantos bungalows de El Bosque en Chosica, o un amanecer limpio, sin resaca, con los músculos relajados, respiraría aliviado y me tiraría a la cama, y no precisamente a tener sexo con la gaucha. Si algún despistado me diera a escoger entre una noche de tertulia con Oswaldo Reynoso o Eloy Jáuregui, con un buen vino y cigarrillos importados, o una cura de sueño y almohada donde babear mi descanso, si acaso sirve, no dudaría en dejar plantados a tan ilustres escritores, echando de menos al vino más que a los cigarrillos. Extraño despertar sin ojeras pronunciadas. Un escritor admirable dice que el secreto de la felicidad radica en dormir nueve horas ininterrumpidas, y que si el mundo cumpliese ese ritual necesario con más seriedad, éste sería, a no dudarlo, un mundo mejor, uno donde sea posible encontrar la generosidad en los estamentos del Estado, de los Estados del mundo. Algo de cierto hay en eso. Dormir mal contribuye a la escasez de un buen humor, a la infelicidad de los que saben despertar con ganas de besar al mundo, así el mundo sea una mierda, así el mundo sea como es, así sus seres más queridos no estén más en este mundo, así estemos matando de a pocos a este mundo. Yo no puedo ser una buena persona si no duermo ocho horas. Yo no puedo ser una buena persona si no he comido decorosamente. Yo no puedo ser una buena persona si no hago mis abluciones correspondientes. Yo no puedo ser una buena persona si todos mis pecadillos son contados por otros. Yo, al menos pienso eso, no soy una buena persona, porque mi amigo escribe mis pecadillos, es por lo siguiente que me parece una falacia tan grande eso que dicen que los buenos siempre ganan, pues mi amigo gana adeptos con mis pecadillos porque él los escribe tan bien que yo termino quedando como el malo de la película. Mientras escribo, escucho Vilma Palma e Vampiros, con la única certeza que me queda en la cabeza, que es que no escribo bien porque no me nace escribir algo bueno. Recuerdo algunas noches buenas, en especial una de navidad, cuando tras reventar cohetecillos veía la noche desde mi cama con la ilusión de ser en el futuro una mejor persona, una que pueda ser el orgullo de papá y mamá, una que llegue a la cartera de ministros para el Gobierno de turno, un gobierno ejemplo, caritativo, una persona casada con una pareja intachable y con hijos de revistas y piscina en el jardín y terraza con vista a un mar turquesa con mesas para servir el té y mayordomos modositos y amigos que son retratados en la páginas de Sociedad en la columna de la Miro Quesada en la fiesta de algún embajador encebollado. Eran otros tiempos, los tiempos que me daba ilusión cualquier cosa. Ahora, con base dos a cuestas, me siento un viejito prostático y, peor, cansado de tanto andar, de tanto auto eliminarse y no conseguirlo. Camino de noche como gato. Seduzco sujetos que en mi vida he visto. Ninguneo a intelectuales (lo último me agrada hacer: son unos peleles). Sufrir con el parqueo, coquetear chicas con la espalda anchísima como la de Enrique Iglesias, y limosnear cada esquina. Si me pidieran la definición del sueño diría, a no dudarlo: dormir bien consiste en morir un poco, y morir bien y bastante, así mañana no joda a nadie con un humor de perros. Supongamos que estoy dormido. ¿Acaso no debería estar en mi cama? Soy un Reo de Nocturnidad. Nunca mejor dicho por Bryce. Nunca mejor parafraseado por mí. Un insomne que escribe aprovechando su condición de insomne. O dicho de otro modo: sólo quiero dormir bien. Al menos por esta noche.

lunes, octubre 16, 2006

estoy en internet intentando escribir.
no puedo.
algo me llama a entrar a la página de RPP.
(cuando no escribo,
por pereza
desidia,
dolor de cabeza
u otra cosa improbable
entro a la web).
esta vez, no ha sido muy alentador navegar
en RPP, El Comercio,
San Google...
pues el hombre
vestido de un terno cruzado
que le quedaba grande
a quien vi en san marcos
en la facultad de Derecho
este mismo año
de elecciones presidenciales
(estaba fumado con mi amigo Billy, recuerdo
cuando nos reímos y dijimos
con ojillos risueños y señalándolo
¡¡¡AHI VA CHAPARRON!!!
¡¡¡AHI VA CHAPARRON!!!)
hace la tutumeme
con una sonrisita de pericote bueno
cruzados los bracitos
en un cajón embanderado
de rojo y blanco
después que su corazón dijese
no puedo
mañana duelo nacional
no va más…

solo digo
me queda por decir
Adiós Valentín
y descanse
que se lo merece.

viernes, octubre 06, 2006

BANG

-¿Qué es eso que estás haciendo, Marce?- pregunta Margarita.
-Un cigarrito de canela. No sabes cómo relaja. ¿No te animas?
-Ay, no sé, me da miedo que sea droga.
-Cógelo suave, nomás. No es droga. Es más sano que el Malboro- dijo Marcelo, escondiendo la marihuana en una rila de cigarrillo. Estaban en el Etnias. Era un sábado por la noche.
-No sé, no me animo- dice Margarita, chica sana, estudiante de obstetricia en una universidad privada.
-Carajo, es más sano que la sangría que estás tomando. Anímate, sólo un pucho.
Margarita duda y por fin se atreve a dar una pitada al cigarro. Luego, para su contrariedad tose muchas veces y bebe más sangría. Marcelo y los demás chicos se cagan de risa. Margarita, que sospechosamente tiene ya los ojos chinazos, también se caga de risa, y no sabe por qué.
-Voy al baño un ratito, ¿ya? No se vayan, un comercial, y regreso- dice y se ríe, divertidísima, en realidad cojudísima.
-Ingenua, carajo- dice Marcelo, y Jimmy coge la pitada y da tres golpes pugilísticos y certeros y bebe sangría y siente que después de todo la felicidad consiste en la inmoralidad terrenal y la marihuana fresquecita de Puerto Nuevo y la sangría deliciosa del Etnias.
Al rato, Margarita sale empinchada del baño y dirigiéndose al portero y al administrador del bar, que están más estones que todos, dice, indignada:
-Señor, en el baño están que fuman. Yo vi que están que fuman. Se los puedo jurar por mis gatos y por mi mami.
Y como era de esperarse, todos se ríen, menos Margarita, que tiene los ojos hinchados, una sed nazi y la garganta raspada.

jueves, octubre 05, 2006

virus en mi PC

quizá me porté bien,

o quizás mal,

no fue mi intención, (te lo juro, baby)

ahora que reconozco las canciones que me dedicaste

no hago mas que cantarlas,

pero la cagué

sé que la cagué,

por eso no respondes

a mis innumerables correos,

pensando quizás: es un huevón, no es para mí

y yo con seguridad pensando:

mejor si esto sigue así,

piso raya,

al borde del abismo

doy un paso certero

adelante...