miércoles, abril 04, 2007

mañana salgo de casa

Mamá grita porque me quiere decir algo, no porque me quiere (aunque a decir verdad me quiere, como yo a ella):
¡debería darte vergüenza dormir hasta muy tarde, flojonazo!

Mi hermano Renzo, que es lo mejor, si no es lo único, que tengo en la vida, me dice:
Te quiero desde aquí hasta el baño.
(lo dice, desde luego, desde la puerta del baño, señalando el inodoro.)

Papá me dice, siempre por teléfono:
compórtate, estudia, búscate un trabajo y haz las labores en casa.

Ella me dice, siempre tan linda:
Quiero verte todos los días. Alquilé un cuarto para los dos en Ate. No hagas que pague la pensión por las puras. Quiero verte todos los días. ¿Has entendido?

La otra me dice, a su manera:
No te quiero compartir. Ella debe saber que yo te hago más feliz que cualquier ramera. Déjala. No te arrepentirás.

Mi ex me escribe un mail. No dejo de sentir cariño por ella.
Veámonos esta semana. Mejor si es el miércoles a las ocho de la mañana. Necesito verte, saber que estás bien, que las drogas no te tienen mal, que todavía me necesitas un poquito.

Mi amiga me dice:
Soy tu asesora de imagen. Déjate barbilla. Ponte arete, no estoy segura dónde, pero ponte uno. Y un tatuaje de los Rollings Stone.

Mi amigo, a quien quiero mucho, de la manera convencional de dos amigos, me dice:
Qué tiene ella que no tenga yo.


No soporto. Cojo mis cosas y escapo de lima.

viernes, noviembre 17, 2006

diálogo estúpido

Deberías ver a un siquiatra -me dice la persona que dice amarme-. Yo le digo: estás loca, cómo que necesito un siquiatra. El loco eres tú -me corrige ella, dulce, combativa, disgustada conmigo porque yo dije el último fin de semana, en una francachela, que me encantan las mujeres, pero más abiertas de piernas-. Lo dije porque me disgusté contigo por el regalo que me hiciste llegar a casa, Ariana. ¿Hablas del racimo de flores? -me pregunta ella-. Sí -le contesto-. Se suponía que tenías que ayudarme a ser más viril, era un trato. Ay, amor, tú sabes que eres más hombre que todos tus amigos juntos, no sabes lo loca que me haces sentir en la cama. ¿Ya ves?, lo aceptaste –digo, por lo que acaba de confesarme-, quien necesita de un siquiatra eres tú, no yo. Ella calla, porque sabe que sí, soy un depredador en la cama. No puedo evitarlo.

miércoles, noviembre 08, 2006

papel

Me han tildado de desadaptado.
Me han sentenciado diciendo maricón.
Me han gritado “pelele”.
Me han desairado diciendo que soy un desabrido.
Me han despreciado porque me dicen “eres un huevón”.
Me han vilipendiado pronunciándose “eres un escritorzuelo”.
Me han insultado por teléfono diciendo baboso.
Me han encontrado un poco ingenuo y bastante estúpido.
Me han visto como a un creído.
Me han acallado con “canalla”.
Me han dicho bicho.
Me han difamado con pervertido -y sin sentido.
Me han comparado con una rata –siendo yo menos astuto que ellas.
Me han dicho “das risa”, por no decir “pareces un payaso”.
Me han respondido un cuento con una frase poco óptima “pareces un idiota”.
Y me han dicho de todo –inclusive cosas más irreproducibles que éstas.
Pero lo que nunca me han dicho es: quiero estar contigo, Luismiguel.

viernes, noviembre 03, 2006

plan de fuga con mi chica furtiva

el otro día papá
que es un verdadero encanto
me dijo:
hijo, estudia, es lo único que te pido.
por su parte, mamá, que también es un encanto, dijo:
hijo, quiero que dejes las drogas, es lo único que te pido.
fabiana, que es una chica regia y me encanta estar con ella,
me ha dicho, chupando chupete globopop:
luismi, por favor, sólo te pido, que me seas fiel,
nada más te pido, please.
rigoberto, mi amigo, por cierto menos encantador que papá y mamá
nada sexy como mi chica fabi
me dijo, con claro dominio de las circunstancias
(de noche, borrachos y drogados, frente al mar):
quiero coger carne, y qué mejor que la tuya, compadre.
-y yo le respondí: la carne a ti te la voy a dejar trocitos
si sigues siendo tan gay, ¡por dios!-
oriana, delicadísima como una galleta de vainilla crocante,
me dice siempre que me ve:
te ves lindo, más todavía si has fumado, porque tus ojitos brillan
de un rojo planeta marte.

yo por eso quiero fumar
nada más fumar por favor, mamá
para hacer todo lo que a continuación enumero:
UNO: tener sueño y no estudiar como papá quiere
DOS: contradecir a mi madre
TRES: pensar en otras chicas y dejar en boga a fabi
CUATRO: mandar al diablo a todos (pero más a los cucufatos que me miran
sólo me miran, y sospecho les apesto,
y de paso critican lo que escribo)
CINCO: para parecerle más guapo a oriana
y hacerla mía
todo el tiempo que ella quiera...

martes, octubre 17, 2006

Artículo _ Camisa Pintada

DORMIR BIEN
Escribo, y no me apetece hacerlo. Es más de la media noche, y no tengo frío. Es lunes, teóricamente es lunes, y llevo ojeras pronunciadas. Hace mucho que no duermo bien, que no despierto descansado, relajado; es más, hace mucho que no tengo un buen sueño, o peor, no sueño algo bueno. Si alguien generoso me diera a escoger entre una noche apasionada con Luciana Salazar en uno de los tantos bungalows de El Bosque en Chosica, o un amanecer limpio, sin resaca, con los músculos relajados, respiraría aliviado y me tiraría a la cama, y no precisamente a tener sexo con la gaucha. Si algún despistado me diera a escoger entre una noche de tertulia con Oswaldo Reynoso o Eloy Jáuregui, con un buen vino y cigarrillos importados, o una cura de sueño y almohada donde babear mi descanso, si acaso sirve, no dudaría en dejar plantados a tan ilustres escritores, echando de menos al vino más que a los cigarrillos. Extraño despertar sin ojeras pronunciadas. Un escritor admirable dice que el secreto de la felicidad radica en dormir nueve horas ininterrumpidas, y que si el mundo cumpliese ese ritual necesario con más seriedad, éste sería, a no dudarlo, un mundo mejor, uno donde sea posible encontrar la generosidad en los estamentos del Estado, de los Estados del mundo. Algo de cierto hay en eso. Dormir mal contribuye a la escasez de un buen humor, a la infelicidad de los que saben despertar con ganas de besar al mundo, así el mundo sea una mierda, así el mundo sea como es, así sus seres más queridos no estén más en este mundo, así estemos matando de a pocos a este mundo. Yo no puedo ser una buena persona si no duermo ocho horas. Yo no puedo ser una buena persona si no he comido decorosamente. Yo no puedo ser una buena persona si no hago mis abluciones correspondientes. Yo no puedo ser una buena persona si todos mis pecadillos son contados por otros. Yo, al menos pienso eso, no soy una buena persona, porque mi amigo escribe mis pecadillos, es por lo siguiente que me parece una falacia tan grande eso que dicen que los buenos siempre ganan, pues mi amigo gana adeptos con mis pecadillos porque él los escribe tan bien que yo termino quedando como el malo de la película. Mientras escribo, escucho Vilma Palma e Vampiros, con la única certeza que me queda en la cabeza, que es que no escribo bien porque no me nace escribir algo bueno. Recuerdo algunas noches buenas, en especial una de navidad, cuando tras reventar cohetecillos veía la noche desde mi cama con la ilusión de ser en el futuro una mejor persona, una que pueda ser el orgullo de papá y mamá, una que llegue a la cartera de ministros para el Gobierno de turno, un gobierno ejemplo, caritativo, una persona casada con una pareja intachable y con hijos de revistas y piscina en el jardín y terraza con vista a un mar turquesa con mesas para servir el té y mayordomos modositos y amigos que son retratados en la páginas de Sociedad en la columna de la Miro Quesada en la fiesta de algún embajador encebollado. Eran otros tiempos, los tiempos que me daba ilusión cualquier cosa. Ahora, con base dos a cuestas, me siento un viejito prostático y, peor, cansado de tanto andar, de tanto auto eliminarse y no conseguirlo. Camino de noche como gato. Seduzco sujetos que en mi vida he visto. Ninguneo a intelectuales (lo último me agrada hacer: son unos peleles). Sufrir con el parqueo, coquetear chicas con la espalda anchísima como la de Enrique Iglesias, y limosnear cada esquina. Si me pidieran la definición del sueño diría, a no dudarlo: dormir bien consiste en morir un poco, y morir bien y bastante, así mañana no joda a nadie con un humor de perros. Supongamos que estoy dormido. ¿Acaso no debería estar en mi cama? Soy un Reo de Nocturnidad. Nunca mejor dicho por Bryce. Nunca mejor parafraseado por mí. Un insomne que escribe aprovechando su condición de insomne. O dicho de otro modo: sólo quiero dormir bien. Al menos por esta noche.

lunes, octubre 16, 2006

estoy en internet intentando escribir.
no puedo.
algo me llama a entrar a la página de RPP.
(cuando no escribo,
por pereza
desidia,
dolor de cabeza
u otra cosa improbable
entro a la web).
esta vez, no ha sido muy alentador navegar
en RPP, El Comercio,
San Google...
pues el hombre
vestido de un terno cruzado
que le quedaba grande
a quien vi en san marcos
en la facultad de Derecho
este mismo año
de elecciones presidenciales
(estaba fumado con mi amigo Billy, recuerdo
cuando nos reímos y dijimos
con ojillos risueños y señalándolo
¡¡¡AHI VA CHAPARRON!!!
¡¡¡AHI VA CHAPARRON!!!)
hace la tutumeme
con una sonrisita de pericote bueno
cruzados los bracitos
en un cajón embanderado
de rojo y blanco
después que su corazón dijese
no puedo
mañana duelo nacional
no va más…

solo digo
me queda por decir
Adiós Valentín
y descanse
que se lo merece.

viernes, octubre 06, 2006

BANG

-¿Qué es eso que estás haciendo, Marce?- pregunta Margarita.
-Un cigarrito de canela. No sabes cómo relaja. ¿No te animas?
-Ay, no sé, me da miedo que sea droga.
-Cógelo suave, nomás. No es droga. Es más sano que el Malboro- dijo Marcelo, escondiendo la marihuana en una rila de cigarrillo. Estaban en el Etnias. Era un sábado por la noche.
-No sé, no me animo- dice Margarita, chica sana, estudiante de obstetricia en una universidad privada.
-Carajo, es más sano que la sangría que estás tomando. Anímate, sólo un pucho.
Margarita duda y por fin se atreve a dar una pitada al cigarro. Luego, para su contrariedad tose muchas veces y bebe más sangría. Marcelo y los demás chicos se cagan de risa. Margarita, que sospechosamente tiene ya los ojos chinazos, también se caga de risa, y no sabe por qué.
-Voy al baño un ratito, ¿ya? No se vayan, un comercial, y regreso- dice y se ríe, divertidísima, en realidad cojudísima.
-Ingenua, carajo- dice Marcelo, y Jimmy coge la pitada y da tres golpes pugilísticos y certeros y bebe sangría y siente que después de todo la felicidad consiste en la inmoralidad terrenal y la marihuana fresquecita de Puerto Nuevo y la sangría deliciosa del Etnias.
Al rato, Margarita sale empinchada del baño y dirigiéndose al portero y al administrador del bar, que están más estones que todos, dice, indignada:
-Señor, en el baño están que fuman. Yo vi que están que fuman. Se los puedo jurar por mis gatos y por mi mami.
Y como era de esperarse, todos se ríen, menos Margarita, que tiene los ojos hinchados, una sed nazi y la garganta raspada.